El miembro más joven de mi familia es una bellísima perrita Golden retriever llamada Becky, ella es lo más dulce y cariñosa del mundo. Todos estamos enamorados de esa cachorrita.
Le hemos comprado muchísimos juguetes, huesitos y toda clase de mariqueras que se encuentran en las tiendas de mascotas. A ella le encantan, juega a diario, todos los días y nos invita a participar en su juego. Pero ella sabe bien lo que es suyo, no le gusta que le quiten sus cosas, se molesta cuando la privas de las cosas que le pertenecen. Gruñe muy molesta cuando te metes con su comida. Hay cosas que debemos que respetarle.
También tengo un primito que es la cosa más hermosa del mundo, tiene 2 añitos y cada vez que viene de visita a mi casa se trae su Woody de Toy Story, siempre le digo que se lo quitaré, él lo agarra fuertemente y dice “mío”.
Moraleja: a nadie le gusta que le quiten sus cosas, y porque por más dulce que sea Becky, si la jodes mucho, te va a morder y duro.
One response to “Es culpa del instinto”
...y muchas Beckys, juntas, arrechas, con ganas de morder duro, no deben ser fácil de manejar.
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